13 septiembre, 2011

Los tres pilares de la resiliencia






LOS TRES PILARES DE LA RESILIENCIA






Todos los seres humanos somos dueños en mayor o menor grado de una capacidad de resiliencia.

Todos, niños y adultos, aprendemos a reponernos de las crisis, a seguir adelante.

El lenguaje popular refleja muy bien el sentimiento de que sólo hasta cierto punto somos vulnerables y que -salvo casos extremos- la gente se recupera mas tarde o más temprano:


la vida continua”, “hay que seguir tirando”, “el mundo no se acaba hoy”, etcétera.


Pero, mientras existen seres dotados en alto grado de una resiliencia natural, que a veces son vistos como invulnerables a la adversidad, existen personas que por diversas causas se entregan a situaciones de estrés cada vez más notables, que acaban en crisis depresivas o enfermedades somáticas.

Es como si les faltara elementos en la caja de herramientas de la vida”

...así lo explican Lea Teitelman y Diana Arazi, psicólogas especializadas en esta nueva óptica que apuntala los aspectos más positivos de la personalidad.

“Existen tres pilares que sostienen la capacidad de resiliencia”, explican Teitelman y Arazi:


La capacidad de juego.

No tomarse las cosas tan a pecho que el temor impida hallar las salidas. Y en esto el sentido del humor, el “mirar las cosas como desde el revés de un largavista permite tomar distancia de los conflictos. La creatividad, la multiplicación de los intereses personales, los juegos de la imaginación relegan esas causas de alarma a su justo lugar, relativizarlas para no deprimirse.


La capacidad de encarar las situaciones con sentimiento de esperanza.

Y para ello es fundamental tener al menos alguien en quién depositar los afectos, admiración, que sirven como guías y estimulo. Es lo que en el lenguaje común de los grupos de resiliencia se conoce como “engancharse”. Esto a veces viene naturalmente con el modo de ser de la persona, puede ser estimulado por educadores y terapeutas. Son esenciales asimismo las llamadas redes de sostén o de contensión, vínculos que enriquesen e impiden que la persona se sienta a la intemperie vital. Amigos, un maestro, una comunidad barrial, los grupos de resiliencia obran como apoyo y estimulo permanentes.


El autosostén.

Se puede resumir como un mensaje que la persona elabora para sí misma. “Yo sé que esto me va a pasar”, se dice ante un mal trance.

O sea: ”Me quiero, confío en mí, me puedo sostener en la vida”.


UN POCO DE HISTORIA

En 1982 dos investigadores norteamericanos que trabajaron en una localidad de Hawai, siguiendo la evolución de 505 individuos desde su etapa prenatal (1955) hasta su adulto, o sea 32 años. Buena parte de esos sujetos se crió en hogares sometidos al estrés de la miseria, la mala relación ebtre los padres, el acoholismo y los abusos. A pesar de esas condiciones se observó que cerca de la tercera parte de esos niños llegaban a adultos bien estructurados moralmente y con una visión optimista acerca de su porvenir.

Se hablo primero de chicos invulnerables por causas que se consideraron genéticas. El afecto recibido era siempre la clave de esas excepciones afortunadas. De allí surgió la necesidad de pasar de la idea de invulnerabilidad a la de resiliente, aplicada al ser humano capaz de generar sus propios recursos para salir fortalecido de situaciones que no son tomadas como la fatalidad de un destino sino como un desafío que alecciona y estimula.


EL ENFOQUE BIOLOGICO (Por José Bonet)

La pregunta que se formula actualmente es que consecuencias fisiológicas acarrean situaciones graves de estrés y en particular cuales son sus repercuciones al nivel de las neuronas.

¿Cómo reacciona el cerebro ante esas tensiones de la vida cotidiana cuando ellas llegan a provocar lo que se conoce como estrés traumático?.

Aquí entra en juego lo que se conoció la vulnerabilidad del individuo.

Se sabe que hay factores que aumentan la vulnerabilidad favoreciendo la disminución y la muerte de las neuronas y siempre se sostuvo que es fenómeno es irreversible.

Se han descubierto ahora que mientras hay sustancias que acentúan este daño neuronal –como el llamado glutamato- existen otras substancias que favorecen la creación de nuevas redes neuronales.

Y ese fenómeno depende tanto de factores genéticos o hereditarios, de unos diez años a esta parte se ha descubierto que la formación de nuevas neuronas dependen también de la capacidad del cerebro en particular de la zona llamada el hipocampo que contraresta los factores tóxicos.

Y que aptitud se puede estimular mediante una serie de elementos protectores.

Mientras el temperamento de una persona determina en buena medida esa mayor o menor vulnerabilidad, las actitudes positivas frente a la vida obran como agentes resilientes. Además del ambiente en que actúa esa persona existen recursos como el ejercicio, la alimentación, la disposición anímica, existe una disposición que puede ser cultivada para preservar los mecanismos cerebrales.

Enfrentar de un modo positivo los momentos críticos, la actividad mental, el juego, el sentido del humor, contribuyen a que la persona proteja y aumente su caudal neuronal.

Consolidar la resiliencia... tenemos derechos

(mándala de la resistencia):


1. A ser tratados con dignidad y respeto

2. A equivocarnos y ser responsables de nuestros propios errores

3. A tener nuestras propias opiniones y nuestros propios valores

4. A tener nuestras propias necesidades, tan importantes como las de los demás

5. A experimentar y expresar nuestro pensamiento propio, así como a ser sus únicos jueces

6. A cambiar de opinión, idea o linea de acción

7. A protestar cuando somos tratados con injusticia

8. A intentar cambiar lo que no nos satisface

9. A detenernos a pensar antes de actuar

10. A pedir lo que queremos. A hacer menos de lo que humanamente somos capaces de hacer. A ser independientes

11. A decidir qué hacer con lo que es nuestro, con nuestro propio cuerpo y nuestro tiempo

12. A sentir y expresar el dolor

13. A ignorar los consejos

14. A rechazar peticiones sin sentirnos culpables o egoistas

15. A estar solos aún cuando otros deseen nuestra compañía

16. A no justificarnos ante los demás

17. A no responsabilizarse de los problemas ajenos.

18. A no anticiparse a las necesidades y deseos de los otros ni estar pendiente de su buena voluntad

19. A no responsabilizarse de los problemas ajenos

20. A elegir no comportarnos siempre de una manera positiva o socialmente convencional






GRACIAS

2 comentarios:

  1. Excelente artículo...te agradezco por compartirlo, a través de tu trabajo ayudas a otros a tener fortaleza ante la adversidad y nos enseñas a apreciarnos más a nosotros mismos...Saludos amiga.

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  2. me alegra saber que puedo ayudar a alguien, siempre adelante con el servicio a los demás,


    gracias por tu blog, me ayuda a refrescar los conocimientos que ya se me están yendo al olvido,
    ¡¡¡como añoro mi trabajo!!!

    un beso muy grande cielo

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