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29 septiembre, 2011

ESTADOS MENTALES NEGATIVOS IV




ESTADOS MENTALES NEGATIVOS

Extracto del libro “Tensión, miedo y liberación interior”
La angustia

La angustia no es nada más que este mismo problema que estamos examinando todo el tiempo, pero vivido de un modo más acuciarte, más inmediato.
Yo me siento de un modo, creo ser de un modo, pero mi esperanza está puesta en lo que espero llegar a ser, en este yo-idealizado.
Cuando me siento lejos de este yo-idealizado, me siento inferior, poca cosa.
Pero ¿qué ocurre si yo, además me siento amenazado de no poder llegar a aquello?
No es solamente que me sienta lejos, que me separe una gran distancia desde donde ahora estoy hasta el punto de destino, sino que además, creo que no podré llegar nunca al punto de destino o que hay algo que está determinando mi fracaso en esta realización.
En la medida en que yo imagino esta realización del futuro como mi máxima realización, todo lo que se oponga gravemente a ella será mi máxima negación.

Esto es lo que provoca en mí la angustia.



La angustia es esta sensación intensa que se produce dentro cuando me siento gravemente amenazado, cuando me siento ante un peligro inminente de la muerte de mi yo-ideal, de eso que para mí tiene el máximo valor, de lo que es la razón normal, habitual, de vivir.

Cuando me siento gravemente amenazado, inmediatamente amenazado, en este yo ideal, entonces me sobreviene una gran angustia.




Es el mismo mecanismo que el sentimiento de inferioridad, el mismo que los estados de tensión, vivido de un modo urgente, de un modo apremiante, inmediato.

En el caso de que conciba esta realización como imposible, entonces ya no habrá angustia; se producirá la depresión.



La depresión es el resultado de creer imposible llegar a esta plenitud, a esta realización del yo ideal. Me siento sin fuerza, sin sentido, he descendido, no me proyecto, no puedo afirmarme en mi mente.
Entonces, mi entusiasmo, mi idea, deja de tener una orientación y se produce un cese en mi efectividad, en mi vitalidad, incluso en mi mente. Me siento sin fuerzas, desanimado; es la depresión.

Todo esto son fenómenos que ocurren sólo dentro de mi propia mente, únicamente fenómenos en mi modo de funcionar las energías.

Aun cuando la persona esté tan deprimida que le parece que no hay absolutamente nada que tenga sentido, toda ella está en realidad llena de vida, toda ella está llena de posibilidades.


Es solamente su valoración de las cosas lo que ha cambiado, sólo son sus ideas respecto a las cosas y a las situaciones lo que se ha modificado.


Ella sigue siendo exactamente la misma.


Pero esa idea-negación produce un bloqueo; en tal caso, la persona puede enfermar, y enfermar físicamente.


Puede presentar un descenso grave en sus capacidades psicológicas, sin que realmente nada orgánicamente funcione mal en ella.


Es simplemente una idea grande de negación, y aquello impide el funcionamiento normal de toda la vida que tiene dentro, física, afectiva, intelectual, espiritual.


Aquí puede verse como todo es un drama que está ocurriendo sólo dentro de la mente.

La persona no se da cuenta de esto.



La persona siente únicamente cosas agradables o desagradables, y entonces cree que todo lo que siente, sobre todo lo desagradable, es debido al exterior, porque «la gente es así», porque me ha ocurrido tal cosa, porque me ha venido tal desgracia, porque he tenido tal fracaso.


Siempre creemos que es lo exterior lo que produce el daño.
Y lo exterior nunca lo produce; lo despierta, pero no lo produce.
Yo podría vivir positivamente aquella situación exterior si fuera dueño de una correcta visión y de una correcta disponibilidad de mis recursos.


Es mi valoración, el valor que yo doy a la idea de mí y a la idea que las demás cosas tienen para mí.


Todo depende de esto.


De ahí que estos estados negativos pueden resolverse completamente, porque no dependen de lo exterior, sino simplemente de cómo funcionan mis energías, de cómo funciona mi valoración, de cómo funciona mi modo habitual de reaccionar ante las cosas.






28 septiembre, 2011

ESTADOS MENTALES NEGATIVOS III




ESTADOS MENTALES NEGATIVOS


Extracto del libro “Tensión, miedo y liberación interior” 
de Antonio Blay 



Timidez. Sentimientos de inferioridad 


Sin llegar a este extremo del desmayo, la persona huye hacia dentro cada vez que se desinteresa de lo exterior, cada vez que se vuelve de espaldas a lo exterior. 

Éste es el caso, en general, de las personas que padecen problemas de timidez, de sentimientos de inferioridad. 

Vemos cómo la inseguridad que existía, con la tensión correspondiente, produce en la persona un movimiento de replegamiento hacia dentro.


 La persona tímida es tímida porque, en lugar de reaccionar hacia afuera, reacciona hacia dentro. Está tenso porque está huyendo. 
Quiere huir, no quiere vivir la situación. ¿Por qué? 
Porque se encuentra en peligro, peligro de crítica, peligro de quedar mal, peligro de ridículo. 
Entonces reacciona huyendo hacia adentro. 
Por eso no le salen las palabras, no le salen los movimientos, la memoria no le funciona. 
Toda una serie de fenómenos que son de inhibición, de disminución. Y eso todos lo hemos comprobado. De aquí que es tan interesante ir tratando de aplicar todo lo que decimos a la situación personal. 

Puede ocurrir que la reacción se produzca en la otra dirección, que, en lugar de inhibirse, sea de excitarse. 
Entonces vemos este fenómeno por el cual la persona que se encuentra en inseguridad y en tensión se enfada, se irrita. 
Es otro modo de reaccionar ante el mismo tipo de problema. 
Un modo de huir de la tensión es intentar descargar la protesta, la energía, hacia afuera. 
Esto da un sentido de agresividad o a veces un sentido de acción, que en definitiva es otro modo de huir del problema, ya que es una acción por la cual uno trata de distraerse y alejarse del conflicto que le preocupa. 
Muchas personas que van por el mundo adoptando el papel de personas batalladoras, valientes, simplemente están realizando la función de huir de su inseguridad. 
Están tratando de aparecer ante sí mismos y ante los demás como personas importantes, activas, enérgicas. Pero todo es un personaje ficticio. 

¿Qué es, pues, la timidez? Ya hemos visto como se presenta. 
La timidez, mirándola ahora con más detalle, es el resultado, en primer lugar, de que la persona ha vivido su yo-experiencia con poca intensidad. 
Su yo-experiencia no se ha desarrollado de un modo muy fuerte, ni muy amplio. 
Esto quiere decir que sus impulsos han quedado en gran parte retenidos e inhibidos dentro. Sea por un exceso de autoridad en el ambiente que le rodea, por un exceso de crítica, o por insuficiencia de energía natural en la persona, el hecho es que unos impulsos que se han generado, que se han producido dentro, no se han actualizado, no se han exteriorizado. 

Al tener el yo-experiencia pobre, ocurre que la persona vive de hecho poca fuerza psicológica. Su yo es débil. Pero, en cambio, tiene dentro una gran carga de energía; ésta es la que le hace fabricar la imagen de sí mismo como él querría ser, como él desea llegar a ser. Y, cuando más alta es la imagen de cómo desea llegar a ser, más lejos está de su experiencia diaria. 
Al ser débil su reacción ante las situaciones, estará siempre muy por debajo de este yo-idealizado. 
El resultado es que en cada momento en que está actuando se siente fracasado, alejado de tal como él quiere llegar a ser. 
Y, por el miedo a sentirse una vez más fracasado temerá cualquier situación que le obligue a hablar, a moverse, a reaccionar, a responder. 
Cada vez más tenderá a refugiarse en su fantasía, en su deseo, en lo que él llama su mundo interior. Y, cuanto más se refugie en su mundo interior, más aumentará su problema. 
O sea, que el tímido es siempre la persona que vive un yo-experiencia débil, que no ha crecido y que, en cambio, está teniendo una gran cantidad de impulsos, de energías de varios tipos, que le obligan a vivir un yo-idealizado muy intenso. 

Entonces, se está constantemente comparando con esto que él desearía llegar a ser, y cada vez se siente más lejos de ello. 
Cada experiencia es una experiencia frustrante, es una experiencia de fracaso. 
Cada vez se va convenciendo más de su imposibilidad de alcanzar este ideal. 
Por lo tanto, el tímido es tímido simplemente porque se compara consigo mismo. 
No es que sea tímido porque los demás sean más fuertes, lo es porque vive por debajo, muy por debajo, de lo que él siente que debería ser. 
Está representando un papel muy inferior al que siente, al que necesita hacer. 
Por tanto, todo el problema del tímido está en sí mismo. 
El tímido no es tímido porque la otra persona esté más segura que él; eso es lo que le parece al tímido. 
Lo que ocurre es que, cuando está con las otras personas, es cuando se despierta este problema que está dentro de él. 

Pero el problema, siempre, en todo momento, está en él y nada más que en él. 
De ahí que sea falsa esta solución que a veces busca el tímido consistente en buscar ambientes pobres, en buscar ambientes más sencillos, con menos exigencia. 
Vemos muchas veces esto en los niños. 
El niño tímido busca amistad con niños más pequeños. 
En las personas mayores también ocurre igual. 
Personas con sentimientos de inferioridad tratan de establecer contacto con otras que posean menos cultura, ante las cuales pueden presumir, sentirse superiores artificialmente, o también con personas económicamente más pobres, porque el sentirse más fuertes económicamente tiende a compensar este sentimiento de inferioridad.



continuará...

ESTADOS MENTALES NEGATIVOS II


ESTADOS MENTALES NEGATIVOS


Extracto del libro “Tensión, miedo y liberación interior” 
de Antonio Blay








Tensión


La tensión es el mecanismo natural que ponemos en marcha cuando hemos de ejecutar una acción. Yo he de levantar un peso: pongo en tensión mi musculatura y lo hago de acuerdo con el peso aproximado que creo que tiene aquello. 
Así me preparo para el esfuerzo, pongo en tensión, a un grado determinado, mis músculos para mover aquel peso. 
La tensión es un fenómeno natural, normal, necesario, es la preparación para la acción, tanto para la acción física como para la psicológica. 
Por lo tanto, la tensión no tiene un carácter necesariamente negativo ni mucho menos. 

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando yo me preparo para realizar una acción, y esta acción no se produce? 
Que mantengo dentro una tensión improductiva, inútil. 
Si la mantengo por más tiempo, se convierte en una tensión parásita. 
Esa tensión parásita es la que llamamos tensión, en el lenguaje corriente. 
Cuando se habla de tensión nerviosa, mental, emocional, queremos indicar simplemente esto: que en nosotros se han producido unos movimientos previos de tensionar, de poner en tensión mecanismos físicos o psíquicos preparatorios para una acción de esfuerzo, pero que, al no producirse dicho esfuerzo, se ha quedado sólo en la preparación. 
Entonces queda aquel estado dentro y esta tensión mantenida se convierte en algo parásito, perjudicial, porque impide que el organismo o la mente siga funcionando con fluidez respecto a lo que ha de hacer en cada momento. 

Cuando estoy viviendo una situación de peligro psicológico o físico, me pongo en tensión. ¿Por qué? 
Porque la tensión es la preparación para defenderme del peligro. 
Lo mismo si se trata de un peligro físico como de uno psíquico. 
Ante un peligro psíquico me pongo tenso, para evitar el ataque, para prepararme yo para atacar, o para huir. 
Esa tensión que movilizo, por la cual estoy preparándome para defenderme o para atacar, queda dentro, porque estoy viviendo el peligro continuamente, porque constantemente estoy viviendo el temor de fracasar ante tal situación, de encontrarme ante tal persona que me ponga en evidencia, de que no se realice lo que yo deseo; y esto me está haciendo vivir interiormente en un estado de alarma, de inseguridad permanente, ante la que estoy en un estado de tensión expectante, de preparación para defenderme o atacar. 

Existen dos formas fundamentales de tensión, una es la que se produce cuando yo he de estar inhibiendo un impulso para que no salga. 
Este es el caso de una violencia interior que he de impedir que salga. 
Esta fuerza que hago para retener el impulso es una tensión por inhibición sostenida. 
Luego hay una tensión cuando he de estar haciendo un esfuerzo muy activo, muy largo, por ejemplo cuando he de andar mucho, cuando he de estudiar más de lo habitual, cuando tengo que adoptar una actitud de alegría infrecuente en mí, es decir, cada vez que he de hacer un sobreesfuerzo, se produce un cansancio. 
Entonces me he de forzar, he de tensar mi capacidad de hacer para seguir haciendo, tensión por exceso de acción. 

O sea, hay una tensión que se produce por inhibición, mantengo dentro cosas, y, para que no salgan, he de estar «apretado». 
Luego, una tensión que se produce porque me estoy obligando a hacer más de lo que acostumbro. Generalmente una y otra van juntas, pero son distintas. 
Cuando me reprimo para que mi agresividad no salga a flote, experimento una tensión; pero, cuando al mismo tiempo me he de obligar a sonreír y a ser amable o atender mis negocios, yo he de estar haciendo entonces un esfuerzo de acción, porque en aquel momento no tengo ganas ni interés alguno en hacer aquello. Pero son dos cosas distintas. 
Es importante entenderlo. 
Toda tensión que sea debida a un exceso de acción solamente podrá resolverse mediante el descanso, el cese de la acción. 
Pero, en cambio, toda tensión que sea el producto de una inhibición, con el descanso no se arreglará nada. 
En este caso, lo único que puede solucionar la tensión es descargar al exterior la energía retenida. 
Es fundamental entender esta distinción porque las vías de solución son prácticamente opuestas. 

Cuando la tensión se produce porque estoy haciendo un esfuerzo en mantener un modo de hablar, de conducirme, más allá de lo que me es normal, solamente desaparecerá la tensión mediante el descanso de aquel esfuerzo, de aquella acción. 
Pero cuando la tensión se deba a que estoy apretando, reteniendo para que no salgan aquellas cosas que están prohibidas, la única posibilidad de que desaparezca la tensión es que aquello pueda salir de un modo u otro. 
Así desaparece la causa de la tensión. 

Para un tipo de problemas la solución será el descanso, la relajación, el yoga. 
Para el otro tipo de problemas no será ni el descanso, ni la relajación, ni el yoga, lo más indicado, sino la expresión, la descarga, la movilización hacia afuera de las energías retenidas dentro. 

La tensión, una vez dentro, sea cual sea su clase, puede producir en nosotros una reacción bien de inhibir, o bien de expulsar hacia afuera. 

Inhibir o excitar son las dos formas reactivas básicas. Inhibir significa que, ante un problema, yo tiendo a desaparecer, a replegarme hacia dentro, a huir del exterior. 

El caso extremo de este tipo nos lo dan aquellos animales que cuando están en peligro se tiran al suelo inmóviles, como si estuvieran muertos. 

Eso es la inhibición total. 

En las personas, esto se ve cuando, ante una dificultad, un disgusto, un problema grave, la persona se desmaya: es un modo de evadirse, un modo de huir.




continuará...





ESTADOS MENTALES NEGATIVOS I






ESTADOS MENTALES NEGATIVOS


Extracto del libro “Tensión, miedo y liberación interior” 
de Antonio Blay



Es el libro que estoy re-leyendo, soy aficionada a releer libros que tienen varias lecturas, éste lo tiene, de las otras veces que lo leí no me acuerdo de este trozo, pero ya que lleva todo el día rondándome lo voy a poner aquí.


Como va a quedar muy largo (un mazacote) lo dividiré en varias entradas para que sea más digerible. Este Sr Blay, el Sr. Wilber, el Sr. Jung y el Sr. Maslow son los integrantes de mi panteón de dioses. Mi Cuaternario. Sí, en mi parte espiritual soy budista, pero no solo de OM vive mi mente.







Empieza así:


ESTADOS NEGATIVOS



Vienen a continuación tres términos fundamentales que son: inseguridad, timidez y angustia.

Intentemos ver claramente el mecanismo.

Inseguridad

Yo me siento inseguro cada vez que no veo inmediato mi éxito, mi afirmación, que no veo inmediata la posibilidad de ser lo que yo quiero ser. 
Existe una inseguridad de origen físico: si yo estoy andando por un terreno muy montañoso, en el que es posible que resbale y me haga daño, actuaré con precaución. 
En este caso siento mi inseguridad física. 
Si estoy viajando en avión y empiezo a notar que se producen movimientos anormales, me sentiré alarmado. 
Aquí también estoy en un estado de inseguridad por una razón externa muy justificada.

Pero, lo mismo que ocurre en este plano externo, justificado, ocurre también con nuestra seguridad psicológica. 
Dado que yo creo ser de un modo y estoy queriendo ser de este otro modo -el yo ideal-, ocurrirá que todo lo que vaya a favor de este yo ideal me dará confianza, seguridad, pero todo lo que parezca que se opone o retrasa o dificulta este yo ideal me dará inseguridad.
Exactamente como si estuviera ante un riesgo físico, en el que peligrará mi vida física, viviré cualquier circunstancia, cualquier situación que ponga en peligro esa realización ideal que tengo de mí; viviré la inseguridad. 

Por esto, si voy a un sitio y encuentro a una persona que empieza a criticar a todo el mundo, de inmediato experimentaré un estado de inseguridad, porque temeré que luego, cuando yo me vaya, aquella crítica me alcance a mí. 
Entonces esta crítica, esta negación de que soy como quiero llegar a ser, lo vivo como un peligro para esta realización ideal, tan fuertemente quizás como si estuviera en peligro de resbalar y de hacerme daño físicamente. 
Cuando alguien dice algo contra mí, aquello me hiere, me molesta. 
Cuando yo fracaso en algo que estoy haciendo ante las personas, me siento humillado. 

¿Por qué? 
Porque estoy diciendo a los demás y a mí que yo no soy esto que pretendo ser. 
Por lo tanto, cada vez que una situación psicológica pone en duda, niega o retrasa mi pretendido valor, mi valor deseado, esa imagen ideal hacia la cual tiendo, viviré el mismo estado de inseguridad que si estuviera atentando contra mi estabilidad o seguridad física.

La inseguridad produce automáticamente un estado interior de tensión.



continuará...